OBRA FAVORITA DE MARCOS:
”El Grito” Edvard Munch:
“El Grito” de Edvard Munch es una obra pictórica que pertenece a la corriente artística del expresionismo. La técnica empleada en su realización es la del óleo al temple y pastel sobre cartón.
Si nos detenemos, por un instante, en la corriente expresionista para entender mejor el significado de la obra, hemos de decir que se trata de una corriente artística que se encuadra en “Las Vanguardias” de principios del siglo XX, que surge como reacción al positivismo del naturalismo francés que y frente al impresionismo que buscaban una representación fidedigna de la realidad en su esencia. En contraposición, el expresionismo buscaba la transformación del arte como medio para la expresión subjetiva de la visión de la realidad por parte del autor o de los sentimientos que esta le evocaba. Se puede comprender como una deformación de la realidad. Como todas las corrientes artísticas, el expresionismo es hijo de su tiempo y refleja la visión pesimista, especialmente en Alemania donde surgió esta corriente artística, de la existencia del hombre en un momento de crisis política, económica y social en Europa, pues nos hallamos en el contexto de la Primera Guerra Mundial y la posterior crisis que supuso el periodo de entreguerras con hitos como el surgimiento de los fascismos tras la Gran Depresión de 1929. Fruto de estas circunstancias, destaca el hecho de la preocupación incipiente por la vida y la muerte dentro de la existencia humana y la superposición del espíritu a la inmanencia de lo que marca lo meramente material como consecuencia de una evolución precipitada de la ciencia y de las artes técnicas, así como de la industrialización de las grandes economías, tras la Segunda Revolución Industrial, periodo que antecede a Las Vanguardias.
En la pintura, concretamente el impresionismo destacó por desarrollar dos grupos artísticos: “Die Brücke” y “Der Blaue Reiter”. Los elementos fundamentales del expresionismo, a nivel pictórico, son el color, el dinamismo y la técnica. Además, desde sus orígenes, ha destacado por enfatizar en la importancia del significado de la obra y el dibujo frente a la pincelada, y a la composición y la estructura del cuadro.
La obra que nos ocupa, concretamente hemos de señalar que se encuentra en la Galería Nacional de Noruega y fue terminada en el año 1893. , aunque tiene otras dos versiones en el Museo Munch en exposición. Esta obra ha sido objeto de robos famosos como el de 1994 en la Galería Nacional o en 2004 una de las versiones del Museo Munch. Una de sus versiones, perteneciente a Petter Olsen, se convirtió en la obra más cara de la historia en ser vendida en una subasta, por un valor de 119,9 millones de dólares.
El cuadro refleja la desesperación profunda de un hombre, cuyo fondo es la ciudad de Oslo en una vista desde la colina Ekeberg. La desesperación que refleja el cuadro podría ser fruto de la atormentada vida que había llevado Munch, pues sufrió, siendo un niño, la muerte de su madre y de una hermana a causa de la tuberculosis. Asimismo, no es descartable un cierto factor genético en la alteración de sus emociones, pues otra hermana suya tenía un trastorno de bipolaridad. Reflejo estos sentimientos en su diario en 1892: “Paseaba por un sendero con dos amigos; el sol se puso. De repente, el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio: sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad. Sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.” En clara referencia a otra obra que realizó Munch para reflejar este sentimiento y la escena descrita en su diario denominada “La desesperación”, Munch realizó su primera versión de “El Grito” a la que también denominó “Desesperación” en la que se refleja un escenario similar al que describe en su diario en cuanto a la representación del fiordo, la barandilla, los colores del cielo y el grito. Parece ser que la figura central del hombre que grita pudiera estar inspirada en una momia peruana de la Exposición Universal de París de 1889. “El Grito” forma parte de una serie de cuadros titulada “Amor” en la que representaría la última fase, la del desengaño amoroso tras una ruptura traumática.
Caracterizada por el protagonismo de una persona que se encuentra gritando, en señal de desesperación, en un sendero con vallas, predominan los colores cálidos, en medio de una escena lúgubre de luz semiapagada. El cielo refleja la tempestad de los sentimientos de Munch, manchado en sangre, tal y como describe en su diario, y al fondo se vislumbran dos figuras ininteligibles, que podrían ser los amigos que le acompañaban en la escena.
Mas allá de las versiones, ya mencionadas, Munch realizó una litografía en 1895 para poder imprimir el cuadro en revistas y periódicos.

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